
1.
en aquel entonces ordenaba los pasillos
la luz las puertas los olores
la forma tan casual con que se hinchaban
los dedos debajo de los cuadros
buscando renovarse en las imágenes
en aquel entonces un trago y un motivo
un cigarro liado con esmero
y salir a andar barbaridades
por cualquier esquina de la mesa
siguiendo pavorreales tan delgados
como el filo del vértigo en la altura
también el perfume
un dulce tacto destellando en el olfato
indicando donde me esperaban
o fingían
esperarme
nada importa
todo es en sí incuestionable
una seguidilla de errores o de aciertos
un cuerpo más en la vereda
una calle prolongándose en silencio
brotando
del silencio
como todo orfanato acostumbrado
supongo que miraste en el espejo
por eso no agrego mis imágenes
por la singular razón de los inciertos
de las hélices inútiles de los pájaros
de la tensa percepción de los alambres
pero quisiera decir dos o tres cosas
aunque no tenga en mí ni una palabra
ni un algo
ni un después
ni un ahora
solo cajones rebosantes de facturas
colores apagados en el pecho
cigarrillos quemados en el aire
es la tristeza o tal vez
es el momento
es el día o tal vez
es el mañana
supongo que miraste en el espejo
por eso no agrego mis imágenes
2.
no sé cuando
solo el silencio
el apagarse la luz en sincronía
abriéndome ojos en los dedos
y la ausencia
la más alta ausencia en mis asuntos
conocer es poca cosa
casi nada
apenas una señal de carbón en los renglones
o un te diré
o un te digo
conocer y no decir es tan inútil
como caer sin llegar jamás al fondo
para deshacerse del vértigo acumulado
pero es así
no sé cuando
solo el silencio la ceguera las ausencias
supongo que intentabas encontrarme
en sitios que de otra forma evitarías
y al no verme allí
te hiciste hermosa
cambiaste tu cabello y tus pestañas
tu piel y el color de las alfombras
las cortinas las paredes el trabajo
el lugar de residencia y el idioma
no
el idioma no
siempre fue ese idioma que soñamos
en años de no poder saber que íbamos
aprendiste a mirarte en los espejos
singularmente hermosa y tan lejana
la razón del espiral es el encuentro
sabías
por eso no dejabas de moverte
aunque para ello debieras extraviarte
3.
así mis dedos
así mi mano
hurgando los abismos oceánicos
buscando la luz sin encontrarla
tan rodeado de mí y sin poder verme
me suponía poblado de cangrejos
devorado por gusanos y escorpiones
flotando en un naufragio inesperado
entre restos de maderas y caracolas
de baúles ahítos de cadáveres
sin la menor emoción o sentimiento
en algún momento pisaste en lo profundo
y supe la huella de tu paso
hundiste tu mano en el infierno
y logré enlazarme con tus uñas
logre aferrarte a mis costillas
y alzando la mano me salvaste
a mí y a mí dolor y a mis silencios
y secaste mis orejas con tu boca
secaste mi pecho y mis brazos
mis piernas y mis pies con tanto esmero
sacando los cangrejos de mi boca
los gusanos de los huecos de mis órbitas
cada uno de los escorpiones de mis ojos
y me extendiste a tu costado desnudándome
para darme tu calor también desnuda
y quise decir dos o tres cosas
resucitar al dolor es estar vivo
3 comentarios:
Unicamente no tendrías perdón si dejases de escribir como lo haces. Hacía tiempo que no pasaba por aqui y hoy me di un buen atracón de tus poemas.
Feliz Navidad, Gustavo.
Des.
Cuando uno llega hasta lo más hondo de si mismo y vuelve a re-surgir tras el encuentro con aquello que es para formar la unión, entonces uno se da cuenta que vive.
Con que facilidad eres capaz de plasmar el lado más íntimo, aquel que duele y llora cuando la conexión faltaba....
Un saludo
Qué bello poema!
Recibe un abrazo Sergio
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