lunes, 8 de octubre de 2007

un momento fuera de todas las cosas

Imagen: Лилена


1.
aquí no hay golondrinas
sosteniendo láminas de oro
en sus picos
y la ciudad
ha comenzado a crecer
hacia el interior de todas las cosas
aún de todos los tiempos

la ciudad lo llena todo
tornando a la gente aséptica
pese a la suciedad permanente
de la calle

el pensamiento no lastima
una vez rodeado
de las habituales dependencias

así
la proximidad a los mercados
vale más que un niño o sus ideas


2.
esa mujer
vacilante en su ventana del décimo piso
como si no supiera
cuán más preferible
es mostrarse desnuda que arrojarse
da una idea aproximada del devenir de las cosas
(me gusta la palabra cosa
buscar y encontrar la cosidad infrecuente
nunca vista
o erradicada por esa manía
de humanizar hasta a los autos)
mientras el borracho
masturbándose con su caja de vino
en la puerta del más alemán de los bancos
da una idea clara de las nuevas revoluciones

pareciese ser todo una caja de grillos
pero sin ninguna suerte
como si al levantar una carta se dijera
as de pique
y sonriéramos


3.
hacer el amor me rescata de las cosas
me trae humano a la orilla del sueño
y me permite
soñar
de una manera aproximada a cuando niño
soñaba

hacer el amor
por lo tanto
es un milagro
independiente de toda idea de frecuencia

aquí me opongo a henry miller
pero él
no hacía el amor
precisamente


4.
hay sol
el día ha
entonces
empezado
o tiene la oportunidad
de empezarse
nuevamente

la noche
por su parte
es más independiente

no necesita de factores extraterrestres
sucede
sin más
como queriéndose


5.
sigo con la mujer del décimo piso
subí hasta ella aún en la ausencia
y le enseñé que es preferible
estar desnuda

ella parece disfrutarlo

le he trazado sobre el vientre
las habituales marcas de feldespato
como invocando a los dioses oscuros
los olvidados dioses complacientes

luego la posé sobre mis piernas

le até los brazos a la espalda
sus tobillos
transformándola en un precioso y animado objeto

ella sonreía
como esas viejas estatuas romanas
cuando sentían sobre su imagen
la mano ardiente de algún cura

sonreía con la sonrisa de las cosas
(muy parecida
a la sonrisa
de la gioconda)

y le enseñé a desatarse
y luego hicimos el amor libremente
(al hacer el amor no hay objeciones
ni perversiones
ni vergüenza
ni siquiera existe la posibilidad de un culpable)
como si nada dependiera de eso
y pudimos soñar como los niños
alejados de la cosa numeraria que
aparentemente
es la respuesta global al desarrollo
de las emociones económicamente validadas

el sistema aparenta ser invulnerable
solo puede romperse por momentos breves
y de todos ellos
hacer el amor es el más infinito que conozco

3 comentarios:

Ikaraku dijo...

me gustó tu poema Sergio; la imagen de la estatua Romana es excelsa! Saludos. (D.Rodríguez)

inma dijo...

Bueno, muy bueno. Me encantó eso de la cosidad...

Qué grande eres!

Sergio G. Rabadá dijo...

Gracias a ambos. aunque debo admitir que lo de la cosidad es algo que arrastro de tanto leer a Cortázar.

Un abrazo a ambos.