martes, 14 de agosto de 2007

colores perdurables


1.
creo que las mariposas tienen que morir
(no puedo asegurarlo
de todas formas no sé nada de los efectos infinitos
ni de los hijos del trueno
pero veo viejas películas del oeste
de una manera que te aseguro
desconcierta)
también han de morir las libélulas
los árboles
y el rostro de las monedas que he gastado
y tu color
y tu perfume
y mi color y mi perfume y mis historias
todo está destinado a algún infierno
por lo que ya he perdido la esperanza


2.
¿que importa el aire?

está
pero no importa
tampoco el agua
tampoco la hierba o los pájaros
tampoco la mujer o el hombre o la palabra
nada tiene interés en esta época
donde ni siquiera es necesario acercarse a la ventana
para ver como estalla el cielo azul a borbotones
(rojo y fuego y tanto líquido
los huecos hundiéndose en la tierra
si pudiera creer
tendría miedo)


3.
no alcanza con pintarte
no alcanza tampoco tu sonrisa
ni que desnudés tu pecho y me lo ofrezcas
como el más sagrado perdón que he conocido
ni que encendás un cigarrillo para posarlo en mi boca
o que te aprietes contra todo mi silencio

cuando duermo
cuando entiendo que no solo desconocemos el entorno
cuando comprendés que no basta estar tan cerca
para que comiencen a rodar las estrellas nuevamente
por el oscilante espacio de tu vientre
o la boca absorta de tu sexo

porque reconozco el dolor
(te estoy mirando)
contrapunteado con nubes de tormento
también lo reconozco en lo más hondo
aunque todo el color intente despistarme
hacia las regiones sublimadas de tu nombre

sigue en la luz
estás hermosa
aún con tanta desesperación como tus ojos


4.
el cambio continuo de la imagen
el chispazo que
surgiendo desde lo profundo
te ilumina
jamás inmóvil
jamás vencida
como si toda tu esencia fuera más que un perfume
así y magnífica
contemplando la puerta intrascendente
estirando tu mano al picaporte
como si abrirla no fuera más que un juego
aún cuando detrás solo el vacío
la amenaza real del laberinto
con las garras extendidas hacia el alma
(no sé si existe un alma
no sé si tienes una
lo mío es la ignorancia y la memoria
vos en cambio tan sabia en tu belleza
como pedacitos de color dándote forma)


5.
sé que las mariposas también mueren
con una promesa de tifones y holocaustos
sé que todo tiene una respuesta
porque los actos suceden reacciones
donde tampoco los árboles/las libélulas/las monedas
sobreviven
y solo esta permanencia que es el tiempo
que jamás logrará existir si no en nosotros
mientras extendemos el sueño hacia realidades tan inciertas
que no podemos asegurar que nos tocamos
o que hicimos el amor sobre la arena
o que esta nube de colores sos vos misma
aunque en ella tu rostro y tu cabello
y tus manos y tus hombros se vislumbran
pero...

¿cómo sé que las luces no están jugando a tu existencia?
¿cómo se que sos y no un truco en mis espejos?

tendría que admitir que tu cuerpo es la huella y el camino
nuestra huella
mi camino
y que todo el andar del mundo te contempla
y que vivirás más allá de lo que vivas
en la memoria de mis ojos y su asombro

y desde allí es donde surge la impotencia
de saber que no sé si sos tan mortal como mis sueños
o si sos mis sueños por vos misma

concluyo por esto que te quiero
con un amor tan hondo como puedas

2 comentarios:

OdínKan dijo...

Qué buen acompañamiento para tu texto excelente fotografía.

Sergio G. Rabadá dijo...

Gracias por tu opinión Odinkan y sí, la fotografía es excelente.

Un abrazo.